En estas fiestas es normal que nos bombardeen con la publicidad, pero ya está llegando a tal punto que roza lo éticamente correcto. Si antes los anuncios nos los encontrábamos entre los programas, lo cual era tolerable y comprensible, exceptuando algunos canales que parecían olvidarse que se estaba emitiendo una película, después siguieron con el "Volvemos en... x minutos", que desde luego no corresponden con la realidad. Al principio hacía gracia, era la novedad, pero ahora ya no cuela. Los dos minutos son cuatro, y uno son tres.
Ahora ya no nos salvamos ni escuchando un programa de radio o de televisión. Ahora son los propios presentadores los que te dan la plasta en medio de la emisión. Ojo, que no los abronco puesto que, como todos, son unos mandados y punto. Personalmente me gusta ver las noticias de Intereconomía, más serias que los telediarios que rellenan espacio con telesucesos, y cuando llega el tiempo, ahí sale la guapa Alejandra Alloza tratando de convencernos de las excelencias de un pinganillo para sordos nada más acabar la exposición sobre lo que nos espera mañana o los próximos días. La misma frase, la misma entonación, todo exactamente igual que el mismo anuncio emitido por la radio.
La publicidad es obligada aunque algunos no la traguemos, de ahí se financian las radios y televisiones, de ahí comen sus trabajadores, pero creo que los espectadores también merecemos un poco de respeto. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea lo dijo muy clarito: 12 minutos de publicidad por hora. Ni uno más. Y algunos canales de televisión se lo pasan por el forro de... eso. Veinte y veinticinco minutos los veo habitualmente en estos días de Navidad. Y, por cierto, envidio a los chinos aun con la falta de libertad de expresión que sufren en su país, porque desde ayer día 1 está prohibido emitir anuncios interrumpiendo películas o series.
Volviendo aquí, aun con ausencia de publicidad en TVE (excepto de su propios programas), algunas cosas no cambian y siguen igual de mejorables. Después de las campanadas con José Mota y Anne Igartiburu, el programa de Nochevieja fue horrible de principio a fin. Atrás han quedado aquellos en que, aun siendo grabados y con la ventaja que conllevan, eran una fiesta en toda regla, con variedades, humor, y los asistentes pasándoselo en grande. El "Feliz 2012" resultó estar compuesto por sólo dos cosas: un pase de cantantes y de la colección completa de Lorenzo Caprile en el cuerpo de la presentadora vasca. Menos mal que me fui a planchar la oreja al cuarto de hora...
Volviendo aquí, aun con ausencia de publicidad en TVE (excepto de su propios programas), algunas cosas no cambian y siguen igual de mejorables. Después de las campanadas con José Mota y Anne Igartiburu, el programa de Nochevieja fue horrible de principio a fin. Atrás han quedado aquellos en que, aun siendo grabados y con la ventaja que conllevan, eran una fiesta en toda regla, con variedades, humor, y los asistentes pasándoselo en grande. El "Feliz 2012" resultó estar compuesto por sólo dos cosas: un pase de cantantes y de la colección completa de Lorenzo Caprile en el cuerpo de la presentadora vasca. Menos mal que me fui a planchar la oreja al cuarto de hora...
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